Categoría: Miscelánea histórica
24 Junio 2009
Fragmento de "BRIZNA DE MULTITUD. Vida y pensamiento de Scalabrini Ortiz", de Juan Carlos Jara. Este libro está a punto de aparecer en la colección "No me olvides" de la editorial del Instituto Superior Arturo Jauretche y lo presentamos como primicia para nuestros lectores en homenaje al 50º aniversario del fallecimiento del insigne patriota.
.................................................................................................................................
FORJA se ha autodisuelto el 15 de diciembre de 1945 y varios de sus integrantes -incluido Jauretche- participarán en diversos cargos dentro del gobierno del coronel Domingo Mercante, en la provincia de Buenos Aires. Scalabrini, en cambio, permanece al margen de la función pública, un poco por opción propia y en buena parte por imposición de las circunstancias. Sabemos que en su afán por preservar la indemnidad de su pensamiento siempre fue reacio a participar de lo que él llamaba la "realización" política. Pero también es evidente que esa prescindencia estaba referida exclusivamente a la acción y no a la "enunciación", es decir a la reflexión teórica, por lo que la presencia de Scalabrini no dejaba de perturbar el sueño de ciertos burócratas y cortesanos que comenzaban a rodear con un halo de venal obsecuencia la figura del Presidente. Dice Enrique Bares que a partir de las jornadas de octubre, el "esquema nacional" de Scalabrini "mantendrá una profunda y decidida vocación por lo social", y que sus escritos van a estar ahora dirigidos fundamentalmente "al sector obrero-gremial". Son los días en que, como recuerda Galasso, para escándalo de muchos "antiimperialistas de media cuadra", Scalabrini le plantea a J. J. Hernández Arregui la idea de fundar un partido de izquierda con raigambre argentina, una especie de comunismo de ribetes nacionales. La idea no llega a consolidarse pero sobrevuela algunos de los escritos scalabrinianos de la época. De todos modos, no es acertado identificar - ni magnificar, como se ha hecho recientemente- el indiscutible silencio de Scalabrini durante la gestión peronista, con el que sufriera -boicot de la prensa mediante- en los años anteriores a 1945. Ahora se trata de un "silencio consciente" -como lo llama Vicente Trípoli-, hasta cierto punto voluntario, dictado por las circunstancias y el patriotismo incuestionable del escritor. De haber querido criticar al gobierno no hubiera terminado "plantando árboles en las márgenes del río Paranacito" ya que las puertas de "La Nación" o "La Vanguardia" se le hubieran abierto de par en par. Lo mismo que las emisoras radiales de países limítrofes y los medios de prensa continentales adheridos a la proimperialista S. I. P. (Sociedad Interamericana de Prensa). El mismo Scalabrini explica su actitud en un trabajo de 1950: "En el enfrentamiento a ese enemigo desleal que se llama capital extranjero debemos cuidar nuestras apreciaciones para que no contradigan nuestras ideas generales. Debemos cuidar nuestras ideas para que no se opongan a nuestros sentimientos y cuidar nuestros sentimientos para que permanezcan adheridos al sentimiento de las grandes masas populares que llevan en sí la mayor cercanía de la verdad política". Ya para entonces se han cristalizado muchas de las medidas propiciadas durante más de una década por él y sus correligionarios del forjismo, pero es consciente de que la lucha no ha terminado. "La declaración de la independencia económica -dice- fue un acto trascendental, de inmensas proyecciones históricas, pero no es un punto final, es un punto de partida". Pese a ello, es mucho lo que se ha avanzado y ahora "las ventajas están en el campo de los patriotas". Él sabe claramente de qué lado se encuentra en esta batalla y se deslinda con lucidez: "Ya no somos insurgentes contra el poder constituido. Somos parte de un poder: somos el poder mismo". Reconoce, sin embargo, que "hay muchos actos, y no de los menos trascendentales, por cierto, de la política interna y externa del general Perón, que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa". Sería desconocer la integridad moral de Scalabrini -probada a cada paso de su trayectoria - sospechar alguna clase de obsecuencia en esas palabras. Él sabe distinguir perfectamente entre teoría y práctica políticas. Por eso, "cualesquiera sean las diferencias de apreciación" con el gobierno peronista, tiene la plena convicción de que la disyuntiva fundamental de ese momento histórico no es "entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo", en tanto Pinedo, el verdadero enemigo interno, "simboliza un régimen político y económico de oprobio, y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país".
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
28 Abril 2009
Es muy común leer y oír en los medios de prensa conservadores (es decir, todos o casi todos los medios) que muchos países periféricos, especialmente los más débiles de nuestra región latinoamericana, basan en buena medida la viabilidad de sus economías en el flujo de remesas que reciben de los emigrantes que trabajan en Estados Unidos y Europa. De esa manera -mostrando solo una cara de la realidad- se trata de acentuar entre nosotros el complejo de inferioridad imprescindible para ejercer el dominio cultural, sin el cual la sujeción económica y política imperialista no podría existir. Las remesas son una realidad, nadie lo pone en dudas, pero de lo que no se habla es de las inmensas sumas que empresas monopólicas se llevan de nuestros países en conceptos de "royalties", dividendos y derechos de todo tipo. Esas también son remesas ¡y de qué magnitud!
Pero se trata sólo de una parte del problema, pues también nuestros países -o mejor dicho, sus masas laboriosas- han costeado con su esfuerzo los "desbalances globales" que caracterizaron la economía mundial de las últimas décadas. Como bien explica el economista Guillermo Wierzba ("Pagina 12, 27-4-'09) estos desbalances "consistían en los superávit comerciales permanentes de países periféricos que financiaban los constantes déficit externos de los Estados Unidos. Así, el exceso de ahorro de esas naciones ‘emergentes' sustentaba el creciente endeudamiento público y privado estadounidense. Aquéllos exportaban una parte sustantiva de su producción e invertían en dólares, o títulos de deuda de la superpotencia, las divisas que acumulaban". Esa nueva crisis de la deuda -en la que ahora los endeudados son los antiguos acreedores- está en pleno desarrollo y se verá cuál es su resolución. ¿Fin de la era del dólar? ¿Hegemonía del yuán? ¿Guerra de las galaxias? Nadie puede saberlo. Pero lo cierto es que el modelo estructural de las relaciones económicas globales, asociado -como apunta el citado economista- "a un insuficiente despliegue de los mercados internos de los países en desarrollo para absorber la producción de sus economías", tiene un basamento innegable en el precario consumo de las masas "emergentes". Como decía Jauretche nuestra flaqueza no es el "consumismo" sino todo lo contrario, la falta de consumo. Norteamérica, en cambio, se convirtió del modo descrito por Wierzba, en el gran consumidor a escala planetaria, en el insaciable parásito de la producción del mundo semicolonial. "Así -concluye el economista-, un régimen de regresividad distributiva se construía entre las naciones en las que se producía con bajos costos salariales, y contaban con mercados internos estrechos por la misma razón, y el país que poseía el atributo para asumir el rol deficitario permanente y creciente".
¿Esta historia continuará?
Juan Carlos Jara
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
17 Abril 2009
En un discurso reciente, al presentar el proyecto de homenaje a Scalabrini Ortiz por el cincuentenario de su muerte, la Presidenta dijo que este gran argentino, lo mismo que otros como Jauretche, Manzi y Discépolo, fueron "casi silenciados" por los grandes medios de prensa de su época. Pese a moderar un tanto su afirmación con el reticente "casi", varios medios -acaso por sentirse aludidos- salieron a refutar esas palabras de la primera mandataria. Hemos leído artículos sobre el tema en, por lo menos, dos publicaciones partidarias ("Prensa Obrera" y "Crítica de la Argentina"). En ambas se niega que estos pensadores nacionales hayan sido "casi silenciados". El inefable polígrafo Jorge Lanata (historiador, novelista, periodista, conductor radial y televisivo y otros etcéteras un poco menos destacables), se basa en fragmentos descontextualizados de un libro de Norberto Galasso para afirmar que Scalabrini, en realidad, fue silenciado por el peronismo (ni antes ni después, sino única y exclusivamente por el peronismo) y al citar a Manzi y a Discépolo despliega una serie de realizaciones artísticas de éstos que demostrarían -según él- que nunca fueron silenciados, ni "casi silenciados" siquiera. Con el método avieso que utilizara su maestro Bernardo Neustadt o sus actuales compañeros de ruta Morales Solá, Nelson Castro y otros célebres expendedores de mendacidad mediática, Lanata oculta la verdad escudándose en la ligereza de una nota periodística. Basta leer completa cualquiera de las obras de Galasso sobre estos grandes patriotas para comprobar que más que "casi" silenciamiento, sobre ellos se cernió toda la vida el más infame y criminal ninguneo de la prensa.
La viuda de Scalabrini Ortiz solía recordar que después del ‘59 muchos editores se acercaron a ella para que los autorizara a reeditar "El hombre que está solo y espera" y ella condicionaba esa reedición a que se hiciera lo propio con "Historia de los ferrocarriles argentinos" y "Política británica en el río de la Plata". Por supuesto, los editores desistían de inmediato de su empresa y al mejor modo bernardiano "lo dejaban ahí"... Con Manzi y Discépolo, entre tantos otros, aconteció algo similar. Para difundir su labor meramente artística siempre tuvieron medios a su alcance, siempre se los recordó como "el poeta de la nostalgia" (Manzi) o "el amargo filósofo de la porteñidad", cuyos tangos desgarrados y crueles tenían su indiscutible filiación en una infancia triste o en las presuntas infidelidades de su pareja (Discépolo). Jamás antes de 1970 (salvo los reivindicables trabajos, también silenciados, de Norberto Galasso) se mostró el perfil político de estos autores. Las nuevas generaciones surgidas después del ‘55 desconocíamos prolijamente que Manzi, además de autor de "Sur" y "Malena" había sido importante dirigente yrigoyenista y cofundador de FORJA. Mucho menos conocíamos sus décimas a Juan y Eva Perón, estrenadas por Hugo del Carril a fines de los 40 o su notable discurso de 1947 "Tablas de sangre en el radicalismo", donde afirma aquello de que Perón "es el reconductor de la obra inconclusa de Hipólito Yrigoyen".
En cuanto a Discépolo, sus charlas de "Mordisquito" estaban guardadas bajo siete llaves (hasta ser editadas por Freeland en 1973), lo mismo que el motivo real de su muerte, provocada por el odio político de quienes antes se decían sus amigos. "Se murió de ganas" repetían sin mucha convicción los glosistas tangueros de la época. Y también lo dejaban ahí...
Conclusión: la superestructura cultural de la factoría tiene muchas maneras de silenciar o "casi silenciar" a un personaje molesto. Se lo puede enclaustrar, omitir, obstaculizarle todos los caminos a la difusión, como se hizo con Jauretche y Scalabrini, o, cuando no hay más remedio, porque son personajes populares como Manzi o Discépolo, se optará por falsificar su verdadera personalidad, cercenando los costados más peligrosos y urticantes de la misma.
Existe por supuesto otro método menos sutil: la drástica supresión física, de la que un "demócrata" como Mitre y un dictador como Videla (cada cual en su siglo) fueron entusiastas partidarios y cultores. ¿Tú también, Lanata?
Juan Carlos Jara
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
18 Marzo 2009
Francisco Casiano Beláustegui fue un poderoso estanciero y saladerista del siglo XIX. Si nos guiamos por el diccionario biográfico de Vicente O. Cutolo, fue un ganadero que jugó del lado del federalismo urquicista, ayudándolo económicamente y como proveedor. Otras voces lo recuerdan como un proveedor, pero de prostitutas para ciertos personajones del medio. En 1849 participó de negociaciones con la banca Baring para mediar con el gobierno argentino respecto del pago de la deuda que éste tenía con la banca inglesa desde los tiempos de Rivadavia. Es entonces cuando Rosas le envía una carta que -según comenta Norberto Galasso ("De la banca Baring al FMI", Colihue, 2001, p. 38-39), "sería conveniente reproducir a la entrada de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas de la Argentina, como advertencia para cierta gente". Allí le dice, mejor dicho le enrostra el jefe de la Confederación: "Sabe usted cuál es el origen del empréstito de Inglaterra (se refiere al tristemente célebre préstamo de la Baring Brothers), sus condiciones, su objeto, su aplicación, sus funestísimos efectos. Contraído del modo más perjudicial en todos sus aspectos, por una administración de salvajes unitarios, sin plenitud ni legitimidad de mandato público a ese fin, fue legado con el penoso recuerdo de la malversación inmoral en que fue envuelto y dilapidado sin cuenta ni razón alguna (...)¿Cree que los argentinos y los miembros de la Junta de Representantes verían con sumo agrado su nombramiento de representante de extranjeros tal vez con intereses en pugna?"
Después de la larga recriminación del Restaurador, Beláustegui decidió echar cautelosa tierra sobre el asunto y no volvió a "sostener públicamente este tema".
JCJ
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
8 Febrero 2009
Un hombre de la generación de 1880, Miguel Navarro Viola, publicista y político, criticaba, en ciertos argentinos de su época, lo que él llamaba “la nostalgia por la patria ajena”. Se refería con esta expresión a esa actitud tan común en determinados sectores de nuestro país que viven admirando lo importado y menospreciando soberanamente lo propio. Soñando con “la patria ajena” y desdeñando aquella en la que viven –y medran, no pocas veces.
Es la actitud que Sarmiento llevó a cumbres literarias en su “Facundo”, donde identificaba a lo argentino con la barbarie y a lo europeo con la civilización. Es la actitud del joven Alberdi, para quien la patria no era la tierra donde se había nacido sino el lugar donde se lo pasaba bien. Es la actitud que la “crítica especializada” de la época tuvo respecto al “Martín Fierro” y al tango, dos expresiones de la cultura nacional y popular que fueron despreciadas, en sus orígenes, por esa crítica refinada y europeísta que vivía mirando a París e ignorando todo lo que nacía de la entraña nacional. Es la actitud, en fin que persiste hasta nuestros días en aquel colonizado mental (¿de qué otro modo llamarlo?) que derrama una “furtiva lágrima” cada aniversario de John Lennon o de Elvis Presley, pero que seguramente ignora qué representaron Aníbal Troilo o Atahualpa Yupanqui en la historia cultural argentina, por citar solo dos ejemplos.
Pero así como existen esos “nostálgicos de patrias ajenas”, la mayoría de los argentinos, por fortuna, seguimos amando la nuestra. Seguimos creyendo en nosotros y en la cultura que nos pertenece y representa. Porque sabemos que a cada uno de los que preconizaron la superioridad de la “civilización” europea sobre la “barbarie” nativa, se le enfrentaron cientos de voces criollas oponiendo las razones de lo nacional y de lo popular. Porque comprendemos, además, con Manuel Ugarte, que nada puede florecer sin raíces. Y porque tenemos una rica tradición a nuestras espaldas evidenciando que no todo ha sido abyección y enfeudamiento en la historia “que nos contaron mal”.
Esa es la cada vez más visible y tangible Argentina “que no miramos”, la que aparece en los momentos fundamentales de la historia, para demostrar al mundo que –como decía Mariano Moreno- no somos “de aquellos pueblos inocentes que se dejan envolver cadenas en medio del embelesamiento que les producen los chiches y abalorios”. Aunque los “nostálgicos de patrias ajenas” sigan pregonando lo contrario.
J. C. Jara
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
9 Enero 2009
UN COMENTARIO SOBRE LITERATURA Y POLITICA (Parte 2).
En el texto que venimos transcribiendo, publicado en la sección “Cartas” de la revista “Cuestionario” (Año 1, Nº 2, junio de 1973), Jorge Abelardo Ramos afirma que “desde los comienzos de su carrera literaria Borges fue un reaccionario” y -a diferencia de muchos que pretenden escindir las ideas políticas del escritor de su labor literaria propiamente dicha-, señala que ese reaccionarismo “se refleja minuciosamente en su obra”.
Criado entre las cuatro paredes de una biblioteca inglesa, “desde ese universo extraño a la Argentina vivió las emociones primordiales de la niñez: las vivió en los seres y mitos de la literatura anglosajona”.
“Nada de esto le es imputable a Borges” –aclara Ramos- pero esos son los hechos objetivos que fueron conformando su personalidad y su indudable talento poético. “Dentro de ese marco europeo o europeizante absorbió todos y cada uno de los prejuicios políticos, sociales y raciales de su clase”.
A esa clase, la vieja oligarquía agraria, pertenecía Borges y de ahí la contundencia de sus declaraciones, esa cruda sinceridad “que al pequeño burgués se le aparece como cinismo”. Lo que de ningún modo lo absuelve de ser un perfecto y consciente reaccionario. “El propio Borges –recalca Ramos- ha dado muestra de que sabe bien lo que quiere cuando se afilió en 1963 al partido conservador de la provincia de Buenos Aires (aunque no al de Solano Lima)”.
Vicente Solano Lima – a la sazón vicepresidente de la República- era el máximo dirigente del Partido Conservador Popular, aliado del peronismo que lo había proyectado a ese cargo en la fórmula presidida por Héctor J. Cámpora, con la inexcusable anuencia de Perón.
Ahora Ramos se preocupa en demostrar que las ideas antipopulares de Borges se reflejan necesariamente en su obra. Así afirma que “desde su poema al vencedor de Junín, donde altera el tono épico en un solo verso para ironizar a costa de Bolívar, hasta sus referencias al abuelo, que ya sabía que los Borges habían nacido “del lado bueno del Arroyo del Medio”, toda la obra de Borges, verso por verso y cuento por cuento, rebosa de un agudo y alerta sentido político. Es el Kipling de los ganaderos y sólo escribió un tango cuando ya no se cantaba en los barrios”.
Adviértase que Ramos no necesita mencionar el cuento “La fiesta del monstruo” o aquel poema aludiendo a “las épicas lluvias de septiembre” (de 1955), o la muchedumbre de cuentos y poemas explícitamente anglófilos y desdeñosos de las luchas populares -desde “El Aleph” hasta el “Poema conjetural” (“vencen los bárbaros, / los gauchos vencen”), para ejemplificar el vínculo indisoluble que unía al Borges literato con el Borges comprometido con la realidad nacional.
Por último, luego de sugerir al gobierno peronista recientemente electo que mantenga al poeta al frente de la Biblioteca Nacional, pues solo a un irresponsable se le ocurriría enviarlo de nuevo a la inspección de aves de corral, como durante el primer gobierno de Perón, Ramos –que siempre fue un conocedor y admirador de los valores puramente literarios de la obra de Borges- termina con esta otra, irónica sugestión: “Los libros de Borges deberán ser textos de lectura en los colegios argentinos. Los profesores comentarán los secretos de su belleza literaria y el manifiesto antagonismo entre verdad y belleza de este bizantino de Palermo que solloza en inglés”.
jcj
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
31 Diciembre 2008
El regocijante par de zapatazos con que un corajudo periodista iraquí calificó la gestión del saliente presidente norteamericano, nos trajo a la memoria el nombre de José Dante Pastine (1917-1993).
Según cuenta Fermín Chávez (“Alpargatas y libros”, Theoría, 2004; p. 63) Pastine fue un periodista y locutor radial que en 1945 tenía a su cargo las emisiones del “Reporter Esso”, un muy escuchado resumen de noticias transmitido a todo el país por LR3 radio Belgrano.
La noche del 17, cuando le tocaba leer las falacias con que los medios de entonces ya intentaban modelar el imaginario colectivo, José Dante se rebeló y dijo plantándose frente al micrófono: “Perdonen los oyentes, pero el corazón de este locutor está en la Plaza de Mayo, con el coronel Perón”. Y uniendo la acción a la palabra abandonó su puesto.
Jaime Yankelevich –propietario de LR3 y zar de la radiofonía argentina de entonces- decidió ipso facto -según Chávez presionado por los avisadores- separar de su emisora al insurrecto periodista. Por la misma causa Pastine fue expulsado de la Sociedad de Locutores.
Amigo de Ramón Carillo, este eminente sanitarista lo designó al año siguiente en la oficina de Prensa de la Secretaría de Salud Pública que presidía. Una década más tarde fue dejado cesante una vez más, también por motivos políticos. Luego sus rastros se nos pierden. Fue un soldado más de la Resistencia y al lado de Darío Alessandro se dedicó a difundir el ideario revisionista desde el centro de estudios “Leopoldo Marechal” de San Isidro. ¿Para qué más? Aquella inolvidable noche primaveral de 1945, José Dante Pastine había encontrado su “destino sudamericano”.
Juan Carlos Jara
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo
29 Diciembre 2008
UN COMENTARIO SOBRE LITERATURA Y POLITICA (Parte 1).
A mediados de 1973, el editor Arturo Peña Lillo decide publicar un mensuario político cuya dirección confía al joven periodista Rodolfo Terragno. El primer número de esa publicación, bautizada “Cuestionario”, aparece en mayo de aquel año crucial, con notas firmadas por su director y otros colaboradores como Sergio Cerón, Rinaldo Ubertalli y Enrique Koening. La mayoría de las notas, sin embargo, son anónimas, y entre ellas una dedicada a exaltar la personalidad literaria de Jorge Luis Borges.
Ese artículo sin firma, en el que se exculpa al escritor de sus declaraciones políticas ultrareaccionarias –atribuidas a una supuesta “inocencia política” de Borges- será rebatido en el Nº 2 de la misma revista por Jorge Abelardo Ramos, político, historiador y escritor –tal vez el más dotado de su época junto a Jauretche y el propio Borges. Ramos conducía a la sazón los destinos del FIP (Frente de Izquierda Popular), partido que un par de meses después apoyará la fórmula Perón- Isabel, “desde la izquierda”, obteniendo una cifra que merodeó el millón de votos.
En la respuesta aludida, Ramos comienza declarando en su habitual tono polémico que “lo que está en cuestión es Cuestionario”, ya que “esta insólita defensa de Borges en un periódico que afirma salir a la calle para defender el interés nacional, carece de todo fundamento serio”. En seguida destaca la trascendencia del asunto, puesto que “tiene más importancia saber quien es Borges que abrumar al lector con más documentos sobre la Deltec”.
Deltec Internacional –acotemos- era una firma inglesa, propietaria de frigoríficos como el Swift y el Armour, que monopolizaba el comercio exterior de carnes argentino y cuyas maniobras dolosas provocaron su quiebra, decretada en un sonado y patriótico fallo por el juez Salvador María Lozada en 1970.
Continúa Ramos: “Si sabemos quien es Borges (es decir, la ideología oligárquica, el poder cultural del imperialismo en la Universidad; Germani, Lipset, etc.), y empleamos el poder de una ideología revolucionaria contra las fuerzas internas y externas que nos subyugan, suprimir a la Deltec será sencillo (…) Con esto me propongo decir que el imperialismo ha mantenido su dominación en la semicolonia argentina no sólo con la Deltec sino también con Borges”.
Más adelante, el autor de “Historia de la Nación Latinoamericana” deniega a Borges la exculpación otorgada por el anónimo columnista de “Cuestionario”, pues “todo ciudadano es susceptible de crítica o elogio por sus opiniones políticas, sea escritor, plomero o teniente coronel. Si un cloaquista afirma que Perón es un reaccionario porque no respetó las libertades individuales, no ahorraremos un comentario sobre el cloaquista fundados en que es preciso preservar su obra sanitaria de toda contaminación política. Lo mismo diríamos de una opinión vertida por un juez, un lanzador de jabalina o una soprano”.
Pero en una figura pública como Borges –cuya profesión consistía en el manejo de ideas y de vocablos- era más acentuada la responsabilidad por sus apreciaciones políticas y de ninguna manera se lo podía justificar aduciendo una “ignorancia política” que, por otra parte, el autor de “La fiesta del monstruo” estaba lejos de padecer. Con su gracejo de costumbre Ramos subrayaba: “No resultan de la misma importancia las opiniones de Borges que las que vierte Horangel, aunque este último sea más conocido que Borges”.
Continuará
servido por temas_argentinos
sin comentarios
compártelo